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Mi encuentro con el monstruo

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José Miguel Herrera Romero Han sucedido semanas intensas. Me siento sobreviviente a un cúmulo de vivencias que, sin ninguna duda, conforman una catastrófica experiencia. Creo que si lo comparo con el encuentro con un monstruo lo reflejaría m ejor. Reconozco que llegué a este límite con el desgaste de emociones vividas, el estrés que acompaña el cambio de trabajo, el inicio de nuevos proyectos, los cierres emotivos que implican las transiciones —no siempre trabajados— y muchos etcéteras que, sin darme cuenta, llevaba a cuestas cual remedo del hombre de la bolsa.  Las cosas llegaron al límite justo cuando tuve una capacitación sobre nuevas masculinidades. Allí nos invitaron a ver, mirar el patriarcado. Para ser más precisos, se trató de ver-nos, mirar-nos, oír-nos… Experiencias sensoriales todas ellas. Se trataba de poner atención a lo que decimos y cantamos, lo que bailamos y los tratos que generamos y/o permitimos, lo que nos hace reír… A la experiencia sensorial siguieron espacios...

Mi encuentro con Instituciones Inclusivas

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José Miguel Herrera Romero Hace muuuchos años.... Trabajé en una primaria de niñas y niños sordos en cuanto salí de la universidad. Esa experiencia profesional fue arquetípica en mi desarrollo personal y profesional. Después de varios años de guardar distancia en el trabajo con discapacidad auditiva, asistí virtualmente al Encuentro Nacional de Instituciones Inclusivas de Educación Superior, ENIIES. Esa ha resultado una feliz experiencia de otras muchas en este año que recién comienza.  He disfrutado de las conferencias y proyectos de investigación como nunca imaginé. Es poco si digo que quedé fas ci na do. Desde la ceremonia de inauguración, quedó manifiesto un llamado a vivir una triada de valores elementales: el humanismo, la Responsabilidad Social y la inclusión. Sin ninguna duda veo aquí un  esbozo de la "ética del siglo XXI" en la que es ya preciso gravitar. Y como telón de fondo el llamado a  trabajar por un piso parejo para todas y todos. Tal vez por ello, de pron...

Pero esta vez...

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 José Miguel Herrera Romero Suculenta Dedos de niño. Importada de Pachuca a Tula. foto: yo. ¡He vuelto! Perdón por tanto silencio. Tras largas semanas de ausencia en este mi espacio público-personal, muchas experiencias me han impactado. Una de ellas fue un taller de masculinidades, que estuvo fe-no-me-nal. Javier Sánchez Ramírez ha resultado un instructor sensacional. En mi caso personal, me ha hecho sentir el machismo en la piel. Eso fue aterrador  y transformador. En el taller participamos mujeres y varones, con participaciones muy enriquecedoras, dada el perfil multidisciplinario que formamos como grupo. Dado que entramos con perfil docente (pero esa es otra historia), para el cierre del curso Javier no pidió generar un código ético en perspectiva de nuevas masculinidades: ¿Cuál sería su propuesta como grupo de docentes que trabaja o incluye en el aula nuevas masculinidades? Con la aprobación de Javier, les comparto este ejercicio, a condición de que nos ayuden y anoten co...

Me hice una carta…

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José Miguel Herrera Romero Han sido muchas semanas de silencio en este espacio, en donde no sabía qué compartir de lo mucho vivido y aprendido. De pronto la vorágine de pendientes por atender   me desbordó. Ahora, por un error que me tiene varado, intento sacar provecho al tiempo, para intentar integrar uno de los temas recurrentes en conversaciones y experiencias recientes. Querido Miguel: Desde hace ya varios años que iniciaste formalmente tu proceso de transformación y que has querido compartir con tus -así llamadas por tí mismo- presencias femeninas. Un tiempo ya muy lago, por cierto, con grandes avances. Tus esfuerzos por hacerte mejor persona te han llevado por caminos llenos de novedades y descubrimientos profesionales, familiares, espirituales, actitudinales, académicos, nuevas relaciones y otras renovadas… Has reconocido errores en tus relaciones y poco a poco asumes tus responsabilidades. Sin embargo, en ese camino, en no pocas ocasiones has llegado a caer mal. ...

Reflexiones cinematográficas

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José Miguel Herrera Romero Mi querida Sal (una gran y querida amiga, que llamaremos así para no despertar sospechosismos), me compartió alguna vez un tesoro: ella había visto varias veces la película Romeo y Julieta y, cada vez que lo hacía, provocaba estar a solas, de noche, donde nadie la viera, para poder llorar a gusto en cada ocasión que la peli le provocaba. Aquello le resultaba una dicha. Un gran atleta que conocí, mi querido Rodrigo (así le digo), me contaba que llevaba al menos 5 lecturas de El nombre de la rosa. ¡Le encanta esa novela! Tipazo este buen amigo, dejó la natación por irse a trabajar con indígenas en Chiapas. Kiara, una de mis tesoros, es una lectora empedernida. Devora novelas y (hay que leer lo siguiente muy rápido y en voz  alta para captar su espíritu) los llena con pos it de colores recortados que se ven más lindos conforme a un código que ella misma diseñó: azul es para las ideas que le gustan y le parecen importantes y le hicieron reir genuinamente y qu...

Ser cristiano

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 José Miguel Herrera Romero Queridas hijas: Justo en la víspera de mi cumple 51, les escribo precisamente para celebrar con ustedes un gran descubrimiento de lo que implica crecer y ser uno mismo. Me ha sido concedida una experiencia que no me resisto a compartirles.  Ya quedó, según mi parecer, la primera etapa en el acomodo de la biblioteca del agüelo. Si. Es una biblioteca. Puf. Deben ser al menos 5 mil ejemplares, entre folletos, libros, enciclopedias, libritos, librotes, etc. Es parte de los preparativos de la reunión que la agüela organiza con sus amigas para celebrar su próximo cumple. Les platico. Al agüelo no le sube el agua a la azotea. Es decir, se le va la onda. Eso significa que de pronto se distrae con cualquier cosa, y con eso de que vienen a vivir a su cabecita los hermanos Halz y Eimer, pues de pronto se le olvida qué medicina debe tomar o a qué se acerca a la puerta con la llave... Sin embargo, junto con esos despistes pude re-conocer una parte descuidada por...

Mientras tanto, en Tula…

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José Miguel Herrera Romero Es martes. He baldeado ya más de 20 cubetas de lodo tratando de sacar el agua que "se metió" en el invernadero: el agua empuja de abajo hacia arriba. Es medio surrealista esta jornada. Trabajo en un invernadero en Tula de Allende, Hidalgo. Con precauciones tomadas desde su instalación, pusimos camas de siembra elevadas, que protegieron los cultivos de las lluvias excesivas, pero los encharcamientos en pasillos fueron inevitables. Tuvimos al menos 3 días con lluvias intensas y laaaargas. Tan sólo el lunes llovió por más de 8 horas. La casa se inundó y despertó a todos los habitantes con encharcamientos por todas partes. Fue una noche larga, sin dormir, baldeando y baldeando. No hay manera de que filtre tanta agua de lluvia en el suelo. Así que todo desborda. Mientras trato de sacar agua del invernadero, sobrevuelan los helicópteros sobre nosotros. El río Tula desbordó anoche y, adicionalmente, tuvieron que desahogar agua de la presa porque su estruct...